martes, 31 de agosto de 2010

Mandalas


El mandala es un círculo “mágico” con efectos relajantes que actúa sobre nosotros armonizando nuestro mundo interior con el exterior. Estos efectos se consiguen a través de la meditación mandálica o bien a través del dibujo de mandalas personales, donde además se da rienda suelta a la creatividad.


Los mandalas están inspirados en la naturaleza, reproducen sus simetrías y sus colores en una estructura con forma de círculo, el patrón mandala por excelencia. Es la forma geométrica más perfecta, usada durante milenios para ilustrar la totalidad y la verdad.
Se puede decir, que hay tantos mandalas como individuos en el mundo y, sin embargo, en esencia, todos son iguales.

Más allá de su definición como palabra, desde el punto de vista espiritual es un centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar el entorno y la mente. También se le define como un sistema ideográfico contenedor de un espacio sagrado.


Tienen su origen en la India y se propagaron en las culturas orientales, en las indígenas de América y en los aborígenes de Australia. En la cultura occidental, fue Carl G. Jung, quien los utilizó en terapias con el objetivo de alcanzar la búsqueda de individualidad en los seres humanos. Jung solía interpretar sus sueños dibujando un mandala diariamente, en esta actividad descubrió la relación que éstos tenían con su centro y a partir de allí elaboró una teoría sobre la estructura de la psique humana.


Según Carl Jung, los mandalas representan la totalidad de la mente, abarcando tanto el consciente como el inconsciente. Afirmó que el arquetipo de estos dibujos se encuentra firmemente anclado en el subconsciente colectivo.


Estas figuras pueden ser creadas en forma bidimensional o tridimensional. Por ejemplo, en la India hay un gran número de templos realizados en forma de mandalas. Los diseños son muy variados, pero mantienen características similares: un centro y puntos cardinales contenido en círculos y dispuestos con cierta simetría.


El mandala representa al ser humano. Interactuar con ellos te ayuda a manifestar tu creatividad y a reconectarte con tu ser esencial . Es como comenzar un viaje hacia tu esencia, te abre puertas hasta ahora desconocidas y hace que brote tu sabiduría interior.


Integrarlos a tu vida te dará centro y la sensación de calma en medio de las tormentas.


El trabajo de meditación con mandalas puede consistir en la observación o el dibujo de éstos. En el primer caso, con sólo sentarte en un lugar cómodo, lograr una respiración rítmica y profunda, y disponerte a observar algún mandala de tu elección, puede llevarte a un estado de relajación y te sentirás más alerta ante los hechos que suceden a tu alrededor. El proceso de observación puede durar entre tres y cinco minutos.


En el segundo caso, puedes dibujar mandalas o colorearlos. Se recomienda que si estás vinculándote con estas imágenes, comiences por pintarlas. Para ello, escoge un modelo que te inspire, selecciona los instrumentos (colores, marcadores, acuarelas, por ejemplo), y luego instálate en un sitio tranquilo. Puedes colocar música si lo deseas y comienza tu trabajo. Hay técnicas variadas, todo dependerá del tu estado de ánimo y de lo que el mandala que desees pintar te transmita. Si crees que necesitas ayuda para exteriorizar tus emociones, puedes colorearlas de adentro hacia fuera; si por el contrario, quieres buscar tu centro, píntalas de afuera hacia adentro.


Este es un trabajo que puede hacer cualquier persona, sin importar su edad o religión. Es una práctica sencilla que redundará en beneficios personales y en la consecución del equilibrio interno.


Beneficios de dibujar o pintar mandalas:
 Comienzo de un trabajo de meditación activa.
Contacto con tu esencia.
  Te expresarás mejor con el mundo exterior.
Ayuda a expandir tu conciencia.
Desarrollo de la paciencia.
Despertar de los sentidos.
Es probable que comiences a ver lo que está a tu alrededor con otros
ojos.
Empiezas a escuchar la voz de tu intuición.
Te aceptarás y te querrás más.







En amor y Unidad, Namasté Fabi.

domingo, 8 de agosto de 2010

Día del niño, meditación para conectarnos con el niño interior

Comparto una meditación para conectarnos con nuestro niño interior, ese que está ahí siempre, debajo del paso de los años, del ropaje, olvidado en el trajín diario… Los que decidimos vivir de otra manera y tomamos conciencia de que somos algo más que nuestros cuerpos inferiores, que la sabiduría de la vida no es llenar la mente como si fuese una computadora, y si hacer funcionar ambos hemisferios conectados al corazón, entendimos también que nuestro niño interior es al que tenemos que recuperar, mimar, llenarlo de amor, sanarlo si hace falta, liberarlo y por eso nos gusta meditar con él.

Como siempre, buscamos un lugar cómodo, si ya tenemos nuestro lugar mejor, o podemos hacerla al aire libre, unas respiraciones para aflojarnos y ahí empezamos el viaje hacia nuestro niño, vamos a encontrarnos con él, vamos a vernos como cuando éramos chicos, y lo vamos a abrazar, a besar y si hay algo de la niñez que no nos gustaba o nos causaba dolor vamos hablarle con la sabiduría de los años, a consolarlo, a aceptarlo, y podemos contarle alguna experiencia o vivencia posterior que lo alegre.

También puede ser él quien tenga algo para decirnos, aconsejarnos desde su corazón inocente, recordarnos algunas cositas que necesitamos no olvidar, como comprensión, flexibilidad, dulzura… que el paso del tiempo no nos endurezca el corazón, y ser grandes no es ser tristes, ni mezclar responsabilidad con seriedad, somos adultos éticos y responsables desde el Amor ¡!! Y alegres, dichosos, felices, y muchas más son las que nuestro niño interior va a traernos a la actualidad, reseteamos la compu ¡!!

Nuevamente lo abrazamos y le decimos que siempre vamos a amarlo y a estar con él y en ese abrazo vamos sentir la fusión, somos uno con él y hoy recuperamos su esencia.
Y de ahora en adelante no vamos a necesitar hacer la meditación para encontrarnos con él, porque va a estar presente, porque ya nos permitimos rescatarlo, y simplemente cada tanto vamos a cantar, jugar, reír, divertirnos, disfrutar una torta, golosina o helado, para vivir a pleno, expandiendo nuestra chispa divina.

¡MUY FELIZ DÍA PARA TODOS LOS NIÑOS!

En amor y unidad.
Namasté, Fabi.